13 de febrero de 2017

Aventuras de Elizabeth en el metro

En realidad el título de ésta entrada tendría que ser algo como: mi amiga es una grosera de lo peor.

Tengo una amiga, vamos a decirle Elizabeth. Ella es muy linda, es tranquila y tiene mucha paciencia. Pero cuando en su infinita y superior sabiduría piensa que alguien está haciendo algo mal, o se topa con alguien que se porta grosero con ella, se convierte en Satanás. El detalle es que la cabrona tiene mucha suerte, y casi nunca se mete en problemas cuando libera al Satanás que lleva dentro. Nótese el "casi". Pues bien, ésto le pasó ayer:

Después de que el sol no se había aparecido en más de quien sabe cuantas semanas, es como que obligatorio salir a tomar aire libre cuando por fin está soleado. Eso justo hizo ella, el único detalle es que ayer la temperatura era de -10°C. Pasaron las horas, caminó mucho, y se llegó la hora en la que tuvo que ir al otro lado de la ciudad. Se preparó para irse, pero quienes hayan vivido en climas fríos saben que hay como una cuota de cuantas horas puede uno estar fuera cuando hace demasiado frío. La cuota de ella ya se había agotado luego de las cuatro horas fuera, pero aún así tomó el metro y se fue.

Cuando por fin llegó al otro lado de la ciudad, se topó con que tenía que caminar en lo oscuro y en nieve profunda otros 15 minutos. 15 minutos de ida, otros 15 minutos de venida al metro, y esperar otros 13 para que pasara el metro, ella ya era un cubo de hielo. Porque cuando hace frío hay que moverse, y aunque hizo zanja en la parada del metro eso no le sirvió para calentarse en lo más mínimo. ¿Mencioné que estaba del otro lado de la ciudad?

En lo que esperaba y caminaba para no congelarse, llegaron tres chicas que lucían asiáticas y muy probablemente eran chinas. Traían abrigos de lana negro todas ellas, así como gorros de colores y guantes blancos. Venían en su propio mundo platicando. Cuando por fin llegó el tren, Elizebeth esperó de forma educada para abordar, pero las chicas asiáticas se metieron al metro antes de que la gente pudiera salir, y para colmo una de ellas la pisó y ni dijo perdón. Así como para rematar el llamado a Satanás, se escabulleron y tomaron los únicos asientos disponibles.

Treinta minutos más tarde, el altavoz anunciaba la parada en la que Elizabeth se tenía que bajar para poder hacer conexión y llegar a su casa. Se abrieron las puertas del metro y, como siempre hace, Elizabeth les aventó los hombros y los codos a todos los papanatas que no saben que primero hay que dejar salir a la gente del metro, antes de quererse meter. Se dio la vuelta, para tomar el tren en dirección contraria y justo delante de ella estaban las asiáticas otra vez, y amenazaban con repetir la trastada de meterse enfrente de ella y robar los asientos libres otra vez.

Obvio es, y está de más recalcarlo, pero ésto no sucedió. En cuanto llegó el tren, Elizabeth hizo uso de su altura y se les metió, pisó a una de ellas y hasta les soltó un ¡Quítate! en español. Para después sentarse justo en el último lugar disponible. Era justicia poética, sonrió satisfecha y siguió en su rollo de música y en la luna en la que siempre vive llena de justicia y gente educada.

Pero, la cosa no terminó ahí. Tres paradas más adelante, se quitó los audífonos porque hicieron un anuncio por el altavoz. Y cual fue la sorpresa que las chicas estaba aún paradas pero de espaldas, con sus abrigos negros y gorros de colores. Pero ya no hablaban chino, ahora hablaban español. Peor, cuando les puso atención, se dio cuenta de que no eran las mismas chicas, sino que ella había sido una grosera horrible con tres chicas que no la debían. Madres. Y para rematar el fiasco, una de ellas llevaba un gorro muy familiar, del mismo color de gorro de una amiga de Elizabeth que se llama Lidia. Luego se fijó en el cabello, y era el mismo corte, el mismo abrigo. ¡En la madre!

Continuará....


No, no es cierto. Mi amiga se asustó, se quedó muda. Había sido una grosera horrible con Lidia. Una amiga muy reciente pero con la que se llevaba muy bien hasta el momento. Como dije, ella se dio cuenta tres paradas después, ya era demasiado tarde. Todas le habían visto la cara, obvio. ¿Y ahora? En eso ellas se bajaron del metro y ella siguió ahí, sentada mirando como se alejaban cruzando la calle con una forma de caminar bastante familiar. Madres. De inmediato tomó el teléfono para llamarle a Lidia y explicarle. Sonó varias veces y luego se fue a buzón. Intentó otra vez. Nada. Le mandó mensaje por WhatsApp, nada. Un mensaje por Facebook. Nada. Era su amiga, y por pinche grosera la perdió.


Solo que no la perdió. Lidia había empezado a trabajar hacía poco y estaba en el trabajo cuando Elizabeth le llamó y por eso no había podido contestar. Al ver varios mensajes perdidos, se preocupó y le llamó. Obvio no había sido ella en el metro. No la perdió como amiga. Las dos se rieron por lo absurdo de la situación. Pero de todas formas yo había estado preocupadísima toda la tarde. Erm, Elizabeth había estado preocupadísima.

Así las cosas. ¡Esperemos que aprenda a no ser tan pinche grosera con extraños! Pero bueno, si alguna de esas pobres tres chicas lee mi blog, que lo dudo. Perdonen ustedes, les tocó pagar lo que un trío de zoquetes asiáticas me, erm le hicieron a Elizabeth. No era personal. Perdón en serio.

3 de agosto de 2016

Flanagan goes Buitrón.

Hace unos días, me puse a bobear en el Time Line en Twitter de Louis Vuitton. Entre sus novedades hay una nueva colección de Edición Limitada, tal vez para el día del inocente, que se lanzó en Rio de Janeiro con pasarela, reflectores y todo lo que se puede esperar de una marca de ese calibre. Con lo que no me esperaba, era con éste tweet:


Mi imaginación se transportó de inmediato a los ochentas y la televisión mexicana. Flanagan, ese querido personaje de Hector Suarez al fin recibe reconocimiento de las grandes marcas. Lo sublime del diseño, canvas y telas fabricadas bajos los más altos estándares de calidad del mundo, al servicio del Rock Ochentero Mexicano.

Siendo 100% honestos, si tuviera unos garrote-mil dólares que no me importaran, me compraba ese sublime y elegante bolso. Le pondría unas bocinas bluetooth y me subiría a los camiones con la frente en alto, rock a todo volumen y orgullosa del grito de guerra:

¡Queremos roooooock!

18 de noviembre de 2014

El secuestro


Era eso de las 11 de la mañana. Una hora en la que uno no sospecharía que pase alguna cosa así. Tenía una lectura a las 12pm, y tenía planes de llegar antes para discutir algunas notas con el profesor. Me apresuré hacia la parada para tomar el bus que me llevaría al metro más cercano. El metro me queda a varias cuadras que prefiero ahorrarme al tomar el primer bus que pase, ya que todas las rutas van derecho y me dejan justo a la entrada.

Me subí al bus, una tal ruta 300 y algo. Lo primero que llamó mi atención fue que me pidieron que pasara mi tarjeta para control al abordar, por lo general no lo piden. Raro. Había un asiento disponible justo al lado de la puerta trasera, decidí no quedarme parada como siempre hago aunque fueran solo algunas cuadras.

El bus se detuvo como siempre justo afuera del metro. Presioné el botón de la parada y la puerta no se abrió. Otros pasajeros abordaron el bus, la puerta trasera permanecía cerrada. Con algo de pánico, presioné varias veces el botón para abrir la puerta. Nada. Caminé hacia el conductor, quien resultó ser una señora con canas y cara amigable, que me mandó amablemente al caño. “Nei!”, me dijo cuando le pedí que me dejara salir.

El bus arrancó. Yo miré a los demás pasajeros y cada quien estaba en lo suyo. ¡Me estaban secuestrando! Consideré mis opciones. Podría ponerme a gritar, utilizar mi teléfono para llamar al 112 de emergencias y explicar mi situación de rehén. Esos instintos que lo protegen a uno de hacer ridículos en público comenzaron a aconsejarme. No seas tarada, finge que no pasa nada y a la primera oportunidad que abran la puerta, sales corriendo despavorida. Mantén la calma. El bus avanzó y avanzó. Me llevó por lugares que jamás había visto. Aunque siendo sinceros, no conozco nada de Oslo, así es que llevarme a un lugar que no conozco es la cosa más fácil del mundo.

Después de un buen rato, el autobus por fin se detuvo. Tres personas se prepararon para salir y como chicle me les pegué para poder salir yo también. Cuando por fin vi el bus por fuera, vi que tenía un letrero que decía: No hay paradas antes de Shaddouwgehagennn. ¡Ah! Parece que descubrí por las malas que hay rutas directas y sin paradas dentro de la misma ciudad. Me sentí como la primera vez en Guadalajara tomé el 110 A y fui a dar a Rancho Nuevo, en lugar del 110 sin letra, que me dejaba en La Normal. Al final descubrí que andaba muy lejos, y para regresarme fue otra aventura parecida. Desde ese día, siempre pongo atención a que el bus no tenga letreros raros. Pffff.

27 de febrero de 2014

Y... ¿el invierno?

Mito favorito sobre Noruega:

Noruega es HELADO, hace muchísimo frío. Estamos a -30°C al menos 10 meses al año. Hace tanto frío, que la gente no se puede ni debe bañar diario (eso escuché una vez en México).

Lamento romperles su corazón de pollo, pero éste mito es falso.

Sí, Noruega significa "el camino hacia el norte". En efecto, Noruega está en el norte de Europa y por lo tanto hace mucho frio. Pero resulta que gracias a precisamente México lindo y querido, es que no hace tanto frío como "debiera" hacer acá.

En México inicia la famosa y bella Corriente del Golfo. Les sugiero visitar el link que incluí y ver el artículo en Wikipedia. Pero si quieren la versión corta: la corriente del Golfo se origina en el Golfo de México, y templa las temperaturas a lo largo de la costa de Noruega, por lo que mientras en Suecia y Finlandia pueden estar a -19°C, aquí estamos a -2°C. Y créanme es una diferencia importante.

Los inviernos duran mucho en ésta parte del mundo. Pero no es nada más Noruega, sucede en todos los países de Europa del Norte. Sobre todo, si comparamos con el centro de México. En Guadalajara, según esto es invierno desde diciembre hasta marzo. Pero en realidad hace frío durante unas dos o tres semanas, y después hace calor. Si acaso, amanece muy frío en las mañanas pero al medio día ya dan ganas de quemar las chamarras.

Acá, los cambios de temperatura entre día y noche no son tan pronunciados. Si estamos a -2°C, estamos a esa temperatura por lo general todo el día y noche. Normalmente, cae la primer nevada por ahí de Octubre, pero se derrite enseguida. Después, comienza ya a nevar pitando todo de blanco por Noviembre y sigue nevado y bello hasta mediados de Abril/Mayo. Es común que en las vacaciones de Pascua, se vaya la gente a esquiar de tanta nieve que cae cuando ya está el invierno moribundo.

Pero éste invierno de 2013-2014, ha sido el más loco en la historia de cuanta persona con la que he platicado ha visto. Cuando todavía no llegaba el otoño, cayó la primer nevada. Esto nos asustó porque pensábamos que sería un invierno extra largo. Finales de Septiembre, inicios de Octubre: nieve. Puta madre. Pero luego se derritió y comenzó a llover y llover. Llovió, y llovió más. Siguió lloviendo. Llegó navidad y la temperatura nunca bajó de 8°C, festejar Navidad sin nieve no sabe igual. Llegó el Año Nuevo y al fin dejó de llover, pero tampoco nevó.

Por ahí de enero, ya que no había lluvia por convertir en nieve, se le ocurrió a la temperatura caerse de golpe. Un día estábamos a 8°C y al día siguiente tómala que a -19°C. En mis años aquí, he visto que cada invierno tiene dos o tres semanas en las que cae la temperatura a menos de -10°C, patrón muy parecido al invierno en Guadalajara. Por lo general, uno no puede ver el pavimento en las calles por el hielo y nieve hasta abril. Pues bien, las calles están limpias desde Enero. He usado tacones todo el invierno, cosa que no me atrevo a hacer cuando hay hielo.

A principios de Febrero, subió la temperatura otra vez. Todo el mes hemos estado a más de 4°C y esa ya es temperatura digna de andar en camisetas por la calle. El colmo, fue que hace una semana comencé a estornudar. Ya anunciaron que ha comenzado la temporada de alergias, porque ya empezó a crecer todo lo verde que estaba dormido. ¡Eso no sucede hasta Mayo/Junio! Hay muchas teorías en el ambiente. Algunos dicen que esas semanas de frío sin nieve, fueron el invierno y que el verano ya viene. Otros, dicen que el invierno va a regresar para vengarse y que en Junio vamos a tener nieve.

¿Qué pienso yo?
Yo creo que el invierno se fue de paseo a Estados Unidos. Nevadas en donde nunca las hay, calamidad y desorden por doquier. Creo que el verano ya viene, y eso verde que veo en el pasto ya está para quedarse. Más me vale comenzar a trabajar en mi selva/jardín, porque parece que va a estar duro éste año mantenerlo. Les debo las fotos.

9 de febrero de 2014

Oslo



Los Juegos Olímpicos de invierno son un asunto serio en Noruega. Para muestra vean la calle con la gente reunida alrededor de una televisión que mostraba la competencia en turno, en el centro de Oslo.

Así es, ando en Oslo. Tenía un buen rato sin venir y ha sido muy extraño andar por acá, sobre todo porque ha cambiado mucho la ciudad y también porque siento algo familiar al andar acá. Casi como cuando volví a Guadalajara después de algunos años fuera.

¿Nostalgia? ¿Qué es eso raro que se siente? ¿Cómo puedes familiarizarte y tener vínculos con una ciudad que en un principio no tenía nada que ver contigo? Esta y otras preguntas me asaltan mientras veo el resumen olímpico.

28 de enero de 2014

Camila y el transporte público en Oslo

Foto viejita y reciclada, pero que tomé yo mismita en Oslo
Tengo una amiga de Brasil. La conocí cuando estudiaba noruego. Después de unos meses, se mudó a Oslo y la pobre batalló mucho para entender la cultura de la capital noruega. En mis muy escasas visitas a Oslo, me he dado cuenta de que los choferes del transporte público son exageradamente parecidos a los parisinos. ¡Groserísimos!

Yo lo que quiero creer, es que tuve muy mala suerte con la gente con la que me topé, porque los noruegos en general son personas muy lindas y amables, pero en fin. Lo que les quiero contar es sobre Camila y un chofer del cual se desconoce su nombre.

Camila es brasileira. Es alta, cabezo color cobre y lacio. Tiene unas caderas que siempre tienen a todos bobeando cuando la ven. También tiene un excelente sentido el humor, y también suele ser muy cómica cuando la hacen enojar.

En México, o mejor dicho en Guadalajara que es de donde yo vengo, el pasaje del camión urbano cuesta una cantidad X, digamos 7 pesos. Pagas 7 pesos y tienes derecho a sentarte en el camión en cuestión por cuanto tiempo quieras. De hecho, yo así es que conocí casi todo Guadalajara, con subirme a diferentes rutas y darles la vuelta entera hasta que me dejaban en el mismo punto en donde los había abordado. Sobra decir, que antes tenía muchísimo tiempo libre. En la Ciudad de México, pasa algo chistoso porque tienes que decirle al chofer a donde vas, y dependiendo de la distancia en kms, es la cuota que pagas. Entonces, ya le ha pasado a fellow tapatíos como yo, que solemos contestarle al chofer cosas como: Y a usted ¿qué le importa? cuando nos preguntan que a donde vamos. ¡Que pena! Le pasó al amigo de un amigo.

En Oslo, se paga (o pagaba, no sé) por horas. Es decir, compras en una maquinita, o le pagas directamente al chofer, un boleto sencillo que tiene validez por una hora. En teoría, si te apuras y haces tus pendientes rapidísimo, hasta puedes ir y regresar a tu casa con el mismo boleto, siempre y cuando sea dentro de la misma hora.

Camila, investigó todo con sus compañeros de trabajo, y luego hasta por internet. Lo que averiguó, es que los boletos sencillos por una hora, los pagas directamente con el chofer, y los pases por un día, por semana o por mes, se compran en máquina/kioskos designados, etc.

Un santo día, Camila fue de compras el centro y abordó un bus para regresar a su casa. En cuanto sube, un chofer de estatura mediana, tez morena, ojos saltones, Crocs en lugar de zapatos y cara de pocos amigos la miró con severidad. Ella de forma educada le dio un billete de 100 coronas y le dijo: - én takk.- (uno por favor). El tipo andaba de malas y en lugar de darle su boleto le gritó, en serio le gritó: ¡¿Un qué?! - así con voz ronca y a un volumen que hizo saltar en sus propios asientos a los demás pasajeros, quienes de inmediato miraron a Camila como si fuera una televisión.

Al notar que ella era el foco de atención, y que el tipo era el más grosero que ella había visto, le hirvió la sangre brasileira y le gritó al chofer: - ¿Un qué? Pero bueno,¿que vende usted? - y luego grita con voz aún mas aguda y fuerte: - ¿Pollos? ¿Vende usted pollos? - y así como para rematar: - Quiero un pasaje sencillo, soy una persona y usted no vende otra cosa. Si quiero un pasaje por el día entero, voy y lo compro a una máquina, que es lo que voy a hacer la próxima vez, para no tener que aguantar a un grosero como usted. -

Los poros de la nariz del chofer se inflaron y empezaron a bufar como si se tratase de un toro, Camila lo miró con la nariz en alto y después de unos tensos momentos, los pasajeros comenzaron a reírse y luego aplaudieron. El chofer le dio su boleto a Camila, y ella se sentó muy digna al lado de una chica que le hizo plática (inaudito en Noruega). Nunca se me va a olvidar la cara de Camila cuando me contó. Tiene un acento super cool, y luego dice: - What do you sell? Chickens????? La amo.

21 de enero de 2014

Firmes



Pasa algo muy curioso cuando hay nieve. Si espera uno fuera de las tiendas, casa, o cualquier entrada a un edificio, parece como si soldados estuvieran marchando. Desde niños pequeñitos, pasando por adultos y ancianos, todos marchan en las entradas. Son como tres pasos. Hay veces que me entretengo al imaginar una voz que dice: - Firmes, ¡ya! - Paso redoblado, ¡ya!

La explicación, es que cuando se camina entre la nieve, la misma se adhiere a los zapatos. Si uno no se quita la nieve antes de entrar a un lugar cálido, entonces se derrite y moja los zapatos/pantalones/medias, etc. Bastan unos golpes fuertes contra el suelo, unos pasos fuertes como de marcha, y con eso ya no hay nieve.

Créanme, que se ve y se escucha muy chistoso. También yo lo tengo que hacer, obvio. Y cuando tengo que hacerlo, siempre repito en mi cabeza "Un, dos, tres, cuatro". Me pregunto si eso de marchar marcando el paso tiene algo que ver con la nieve. Honestamente lo dudo muchísimo.

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