6 de agosto de 2016

50 Shades of mocos

Hola mis estimados, éste borrador lo escribí hace mil-ocho-mil años. Disfruten de mis quejas.

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Ahora que 50 Sombras de Grey está de moda (cuando escribí el borrador), aquí les va un dato que tal vez sabían (o no sabían) del origen de la historia:

Si han tenido el gusto o la desgracia de haber leído tanto Crepúsculo como 50 Sombras de Gray, se darán cuenta de que las historias se parecen muchísimo. Lo que pasa, es que los fanáticos de Crepúsculo estaban desesperados por aquello de que no pasa nada sensual y con el tono de mano sudada de los libros. No había sexo, no había besos, no pasaba nada. NADA. Fanáticos muy creativos, calenturientos y desesperados, escribieron fanfiction candente, libros y páginas llenas de todo el sexo que nunca pasó en Crepúsculo pero con la misma historia.

Alguien muy brillante de una editorial, tiene la calma de leer fanfiction en búsqueda de talentos. Es así como descubrieron ésta versión de Crepúsculo, que en lugar de vampiros tenía BDSM, en dónde el galán de la novela es igual de creepy/stalker, y la protagonista es igual de babosa. ¿Qué hicieron? Le cambiaron los nombres, dos que tres circunstancias y zas, nació 50 Sombras de Grey. Que es la misma cosa que Crepúsculo, en partes casi palabra por palabra:

Los protagonistas de conocen, se caen mal al principio, luego Edward/Grey se comportan como divas, pero al final resulta que estaban absolutamente enamorados, y el amor todo lo perdona. Según ésto la autora de Crepúsculo, Stephanie Meyer, intentó re-escribir Pride & Prejudice. Ajá. Misión cumplida. (Sarcasmo).

Por cierto, que si Crepúsculo brilló por su ausencia de sexo. 50 Sombras de Grey brilló pero por su ausencia de BDSM. Hasta pena da que lo pongan en esa categoría. Lo más sado-masoquista que hay en todo el libro, es una nalgada. UNA. Eso sí, hablan todo el tiempo, y hablan, y hablan y hablan. Y hay mucho, mucho, mucho sexo y una sola nalgada.

El modelo de negocios fue brillante, el mismo público que leyó Crepúsculo corrió a leer 50 Sombras de Grey. Era público seguro. Por cierto, si están con la duda de que si soy fanática de Crepúsculo. No, odié la historia, odié los personajes. Pero siendo el éxito tan grande, por principio me niego a quedarme atrás sin saber de qué habla todo el mundo. No es de tan buen gusto quejarme de algo que no conozco. Así es, leí seis libros tan sólo para tener argumentos para quejarme. Jojo.

3 de agosto de 2016

Flanagan goes Buitrón.

Hace unos días, me puse a bobear en el Time Line en Twitter de Louis Vuitton. Entre sus novedades hay una nueva colección de Edición Limitada, tal vez para el día del inocente, que se lanzó en Rio de Janeiro con pasarela, reflectores y todo lo que se puede esperar de una marca de ese calibre. Con lo que no me esperaba, era con éste tweet:


Mi imaginación se transportó de inmediato a los ochentas y la televisión mexicana. Flanagan, ese querido personaje de Hector Suarez al fin recibe reconocimiento de las grandes marcas. Lo sublime del diseño, canvas y telas fabricadas bajos los más altos estándares de calidad del mundo, al servicio del Rock Ochentero Mexicano.

Siendo 100% honestos, si tuviera unos garrote-mil dólares que no me importaran, me compraba ese sublime y elegante bolso. Le pondría unas bocinas bluetooth y me subiría a los camiones con la frente en alto, rock a todo volumen y orgullosa del grito de guerra:

¡Queremos roooooock!

7 de febrero de 2016

¿Un año? ¿Dos?



¿Cuánto tiempo tiene que pasar para colgar la toalla?

Les prometí que les contaría del servicio de basura. Se me olvidó. Siempre digo que voy a postear algo. Nada. Me daría muchísima pena cerrar o borrar mi blog, pero no le he dado la atención necesaria. Hay veces que comienzo con la idea de que debería mejor escribir en inglés. Tengo por ahí regado un blog en inglés en el que escribo de repente dos que tres cosas, pero más bien lo atasco de fotos de Instagram y últimamente ya ni fotos pongo casi.

¿A qué se debe mi ausencia?
Todo está bien conmigo. Pero decir que he estado ocupada, no termina de explicar lo ocupada que he estado. Se me ocurrió ingresar a la Universidad.

Ingresar a la Universidad en Noruega no es asunto de que nada más dices "ahí les voy" y ya. Es un largo, eterno proceso en el que hay que validar estudios, otros mejor tomarlos desde cero y batallar con la hermosa burocracia. A la vez que hay que entender las reglas rarísimas que hay para cada persona. El caso es que lo logré. No nada más fue muy difícil entrar. Ahora que ya estoy "dentro" y estudio, me las estoy viendo negras con las materias. Hay veces que me pregunto por qué demonios no me metí a estudiar algo más fácil como inglés o español (que al menos son idiomas que ya hablo de forma decente). Pero no, se me ocurrió meterme a ciencias. Así es que me tengo que chutar fórmulas de física y química en noruego, y a veces en alemán. Términos médicos que en español entiendo bien, en inglés me cuestan, cuando los leo en noruego me parece que me están hablando en chino. Mi meta de leer 30 libros el año pasado valió madre porque, aunque los libros de texto tengan 900 páginas, solo cuentan por uno. Esperemos a ver cuánto tiempo dura la locura.

Así es que blog querido, blog adorado. No me resigno a abandonarte. Pero te juro que no tengo tanto tiempo como me gustaría. No digo adios, pero digo hasta luego. Sigo en Twitter en donde pueden leer cuanta tontería inédita se me ocurre. Sigo en Instagram tomando fotos de mi comida. Gracias querido blog.

18 de noviembre de 2014

El secuestro


Era eso de las 11 de la mañana. Una hora en la que uno no sospecharía que pase alguna cosa así. Tenía una lectura a las 12pm, y tenía planes de llegar antes para discutir algunas notas con el profesor. Me apresuré hacia la parada para tomar el bus que me llevaría al metro más cercano. El metro me queda a varias cuadras que prefiero ahorrarme al tomar el primer bus que pase, ya que todas las rutas van derecho y me dejan justo a la entrada.

Me subí al bus, una tal ruta 300 y algo. Lo primero que llamó mi atención fue que me pidieron que pasara mi tarjeta para control al abordar, por lo general no lo piden. Raro. Había un asiento disponible justo al lado de la puerta trasera, decidí no quedarme parada como siempre hago aunque fueran solo algunas cuadras.

El bus se detuvo como siempre justo afuera del metro. Presioné el botón de la parada y la puerta no se abrió. Otros pasajeros abordaron el bus, la puerta trasera permanecía cerrada. Con algo de pánico, presioné varias veces el botón para abrir la puerta. Nada. Caminé hacia el conductor, quien resultó ser una señora con canas y cara amigable, que me mandó amablemente al caño. “Nei!”, me dijo cuando le pedí que me dejara salir.

El bus arrancó. Yo miré a los demás pasajeros y cada quien estaba en lo suyo. ¡Me estaban secuestrando! Consideré mis opciones. Podría ponerme a gritar, utilizar mi teléfono para llamar al 112 de emergencias y explicar mi situación de rehén. Esos instintos que lo protegen a uno de hacer ridículos en público comenzaron a aconsejarme. No seas tarada, finge que no pasa nada y a la primera oportunidad que abran la puerta, sales corriendo despavorida. Mantén la calma. El bus avanzó y avanzó. Me llevó por lugares que jamás había visto. Aunque siendo sinceros, no conozco nada de Oslo, así es que llevarme a un lugar que no conozco es la cosa más fácil del mundo.

Después de un buen rato, el autobus por fin se detuvo. Tres personas se prepararon para salir y como chicle me les pegué para poder salir yo también. Cuando por fin vi el bus por fuera, vi que tenía un letrero que decía: No hay paradas antes de Shaddouwgehagennn. ¡Ah! Parece que descubrí por las malas que hay rutas directas y sin paradas dentro de la misma ciudad. Me sentí como la primera vez en Guadalajara tomé el 110 A y fui a dar a Rancho Nuevo, en lugar del 110 sin letra, que me dejaba en La Normal. Al final descubrí que andaba muy lejos, y para regresarme fue otra aventura parecida. Desde ese día, siempre pongo atención a que el bus no tenga letreros raros. Pffff.

27 de febrero de 2014

Y... ¿el invierno?

Mito favorito sobre Noruega:

Noruega es HELADO, hace muchísimo frío. Estamos a -30°C al menos 10 meses al año. Hace tanto frío, que la gente no se puede ni debe bañar diario (eso escuché una vez en México).

Lamento romperles su corazón de pollo, pero éste mito es falso.

Sí, Noruega significa "el camino hacia el norte". En efecto, Noruega está en el norte de Europa y por lo tanto hace mucho frio. Pero resulta que gracias a precisamente México lindo y querido, es que no hace tanto frío como "debiera" hacer acá.

En México inicia la famosa y bella Corriente del Golfo. Les sugiero visitar el link que incluí y ver el artículo en Wikipedia. Pero si quieren la versión corta: la corriente del Golfo se origina en el Golfo de México, y templa las temperaturas a lo largo de la costa de Noruega, por lo que mientras en Suecia y Finlandia pueden estar a -19°C, aquí estamos a -2°C. Y créanme es una diferencia importante.

Los inviernos duran mucho en ésta parte del mundo. Pero no es nada más Noruega, sucede en todos los países de Europa del Norte. Sobre todo, si comparamos con el centro de México. En Guadalajara, según esto es invierno desde diciembre hasta marzo. Pero en realidad hace frío durante unas dos o tres semanas, y después hace calor. Si acaso, amanece muy frío en las mañanas pero al medio día ya dan ganas de quemar las chamarras.

Acá, los cambios de temperatura entre día y noche no son tan pronunciados. Si estamos a -2°C, estamos a esa temperatura por lo general todo el día y noche. Normalmente, cae la primer nevada por ahí de Octubre, pero se derrite enseguida. Después, comienza ya a nevar pitando todo de blanco por Noviembre y sigue nevado y bello hasta mediados de Abril/Mayo. Es común que en las vacaciones de Pascua, se vaya la gente a esquiar de tanta nieve que cae cuando ya está el invierno moribundo.

Pero éste invierno de 2013-2014, ha sido el más loco en la historia de cuanta persona con la que he platicado ha visto. Cuando todavía no llegaba el otoño, cayó la primer nevada. Esto nos asustó porque pensábamos que sería un invierno extra largo. Finales de Septiembre, inicios de Octubre: nieve. Puta madre. Pero luego se derritió y comenzó a llover y llover. Llovió, y llovió más. Siguió lloviendo. Llegó navidad y la temperatura nunca bajó de 8°C, festejar Navidad sin nieve no sabe igual. Llegó el Año Nuevo y al fin dejó de llover, pero tampoco nevó.

Por ahí de enero, ya que no había lluvia por convertir en nieve, se le ocurrió a la temperatura caerse de golpe. Un día estábamos a 8°C y al día siguiente tómala que a -19°C. En mis años aquí, he visto que cada invierno tiene dos o tres semanas en las que cae la temperatura a menos de -10°C, patrón muy parecido al invierno en Guadalajara. Por lo general, uno no puede ver el pavimento en las calles por el hielo y nieve hasta abril. Pues bien, las calles están limpias desde Enero. He usado tacones todo el invierno, cosa que no me atrevo a hacer cuando hay hielo.

A principios de Febrero, subió la temperatura otra vez. Todo el mes hemos estado a más de 4°C y esa ya es temperatura digna de andar en camisetas por la calle. El colmo, fue que hace una semana comencé a estornudar. Ya anunciaron que ha comenzado la temporada de alergias, porque ya empezó a crecer todo lo verde que estaba dormido. ¡Eso no sucede hasta Mayo/Junio! Hay muchas teorías en el ambiente. Algunos dicen que esas semanas de frío sin nieve, fueron el invierno y que el verano ya viene. Otros, dicen que el invierno va a regresar para vengarse y que en Junio vamos a tener nieve.

¿Qué pienso yo?
Yo creo que el invierno se fue de paseo a Estados Unidos. Nevadas en donde nunca las hay, calamidad y desorden por doquier. Creo que el verano ya viene, y eso verde que veo en el pasto ya está para quedarse. Más me vale comenzar a trabajar en mi selva/jardín, porque parece que va a estar duro éste año mantenerlo. Les debo las fotos.

9 de febrero de 2014

Oslo



Los Juegos Olímpicos de invierno son un asunto serio en Noruega. Para muestra vean la calle con la gente reunida alrededor de una televisión que mostraba la competencia en turno, en el centro de Oslo.

Así es, ando en Oslo. Tenía un buen rato sin venir y ha sido muy extraño andar por acá, sobre todo porque ha cambiado mucho la ciudad y también porque siento algo familiar al andar acá. Casi como cuando volví a Guadalajara después de algunos años fuera.

¿Nostalgia? ¿Qué es eso raro que se siente? ¿Cómo puedes familiarizarte y tener vínculos con una ciudad que en un principio no tenía nada que ver contigo? Esta y otras preguntas me asaltan mientras veo el resumen olímpico.

28 de enero de 2014

Camila y el transporte público en Oslo

Foto viejita y reciclada, pero que tomé yo mismita en Oslo
Tengo una amiga de Brasil. La conocí cuando estudiaba noruego. Después de unos meses, se mudó a Oslo y la pobre batalló mucho para entender la cultura de la capital noruega. En mis muy escasas visitas a Oslo, me he dado cuenta de que los choferes del transporte público son exageradamente parecidos a los parisinos. ¡Groserísimos!

Yo lo que quiero creer, es que tuve muy mala suerte con la gente con la que me topé, porque los noruegos en general son personas muy lindas y amables, pero en fin. Lo que les quiero contar es sobre Camila y un chofer del cual se desconoce su nombre.

Camila es brasileira. Es alta, cabezo color cobre y lacio. Tiene unas caderas que siempre tienen a todos bobeando cuando la ven. También tiene un excelente sentido el humor, y también suele ser muy cómica cuando la hacen enojar.

En México, o mejor dicho en Guadalajara que es de donde yo vengo, el pasaje del camión urbano cuesta una cantidad X, digamos 7 pesos. Pagas 7 pesos y tienes derecho a sentarte en el camión en cuestión por cuanto tiempo quieras. De hecho, yo así es que conocí casi todo Guadalajara, con subirme a diferentes rutas y darles la vuelta entera hasta que me dejaban en el mismo punto en donde los había abordado. Sobra decir, que antes tenía muchísimo tiempo libre. En la Ciudad de México, pasa algo chistoso porque tienes que decirle al chofer a donde vas, y dependiendo de la distancia en kms, es la cuota que pagas. Entonces, ya le ha pasado a fellow tapatíos como yo, que solemos contestarle al chofer cosas como: Y a usted ¿qué le importa? cuando nos preguntan que a donde vamos. ¡Que pena! Le pasó al amigo de un amigo.

En Oslo, se paga (o pagaba, no sé) por horas. Es decir, compras en una maquinita, o le pagas directamente al chofer, un boleto sencillo que tiene validez por una hora. En teoría, si te apuras y haces tus pendientes rapidísimo, hasta puedes ir y regresar a tu casa con el mismo boleto, siempre y cuando sea dentro de la misma hora.

Camila, investigó todo con sus compañeros de trabajo, y luego hasta por internet. Lo que averiguó, es que los boletos sencillos por una hora, los pagas directamente con el chofer, y los pases por un día, por semana o por mes, se compran en máquina/kioskos designados, etc.

Un santo día, Camila fue de compras el centro y abordó un bus para regresar a su casa. En cuanto sube, un chofer de estatura mediana, tez morena, ojos saltones, Crocs en lugar de zapatos y cara de pocos amigos la miró con severidad. Ella de forma educada le dio un billete de 100 coronas y le dijo: - én takk.- (uno por favor). El tipo andaba de malas y en lugar de darle su boleto le gritó, en serio le gritó: ¡¿Un qué?! - así con voz ronca y a un volumen que hizo saltar en sus propios asientos a los demás pasajeros, quienes de inmediato miraron a Camila como si fuera una televisión.

Al notar que ella era el foco de atención, y que el tipo era el más grosero que ella había visto, le hirvió la sangre brasileira y le gritó al chofer: - ¿Un qué? Pero bueno,¿que vende usted? - y luego grita con voz aún mas aguda y fuerte: - ¿Pollos? ¿Vende usted pollos? - y así como para rematar: - Quiero un pasaje sencillo, soy una persona y usted no vende otra cosa. Si quiero un pasaje por el día entero, voy y lo compro a una máquina, que es lo que voy a hacer la próxima vez, para no tener que aguantar a un grosero como usted. -

Los poros de la nariz del chofer se inflaron y empezaron a bufar como si se tratase de un toro, Camila lo miró con la nariz en alto y después de unos tensos momentos, los pasajeros comenzaron a reírse y luego aplaudieron. El chofer le dio su boleto a Camila, y ella se sentó muy digna al lado de una chica que le hizo plática (inaudito en Noruega). Nunca se me va a olvidar la cara de Camila cuando me contó. Tiene un acento super cool, y luego dice: - What do you sell? Chickens????? La amo.

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