19 de noviembre de 2009

Loca

Sin excusas o pretextos, les voy a contar las razones de mi ausencia en blog, messenger, E-mail, Twitter, Facebook, etc.

En cinco pasos.
1. Me volví loca.
2. Estuve muy cerca de regresar a mi patria.
3. Odio el rechingado noruego (el idioma).
4. Odio los dialectos con todo el poder de mis tripas.
5. Llevo meses y meses sin hablar español.

La crónica.
Resulta que, como ya les había contado aquí mismo, me cambié de casa y de ciudad aquí dentro de Noruega. Como el primer paso es encontrar un lugar para vivir, pusimos manos a la obra y comenzó la búsqueda. Varios días, revistas, periódicos y visitas después, encontramos una casa que nos gustó. Empezamos a negociar con una abogada que estaba a cargo, y tuvimos que competir con un tipo que también quería comprar la misma casa. Al final, ganamos y la abogada nos dijo que el papeleo estaría listo al cabo de una semana. Ilusamente le creímos.

El papeleo tardó más de tres meses. ¿Por qué tanto? Porque la abogada olvidó, convenientemente por supuesto, mencionar que la casa estaba siendo rematada. El dueño anterior no pudo pagar su hipoteca y el trámite tarda, en efecto, más de tres meses.

Todo ese tiempo me la pasé en casa de mis suegros, en la punta del cerro, rodeada de bosque, sin coche y con el próximo pueblo a 25 kms de distancia. No creo que haya necesidad de explicar la razón de mi locura y ganas de regresar a mi patria. Mis suegros son personas adorables, pero eso de no tener ni la más básica libertad de elegir lo que quería comer, o de salirme a caminar a la calle porque tenían que llevarme explícitamente, me hizo sentir como león enjaulado.

Es necesario hacer un paréntesis aquí. En Noruega no se usa que si te dan un mal servicio te quejes, lo más que hacen los noruegos es levantar una ceja y presionar un poco... haciendo una llamada si acaso. Eso de llamar insistentemente, exigir un buen servicio o poner en entredicho la credibilidad de un abogado simplemente no existe, es escandaloso.

Me llené de frustración, grité y lloré, pero nada pasó. Fue aquí cuando casi me regresé a México. Me pasaba las noches despierta viendo videos y dormida durante el día, para no tener que convivir con nadie. Ya no aguantaba comer pan todo el día, vivir en una casa en medio del bosque en completo aislamiento, tenía ganas de matar a Rodrigo por no presionar a la abogada. Para colmo, no entendía nada de lo que decían, porque el dialecto de la región, trøndersk, es espantoso.

Al final, no pude más. Un día al salir de mis clases de noruego, me escapé y visité la oficina de la susodicha abogada, en contra de todas las reglas de etiqueta noruegas. Al presentarme, me dijo que no hablaba inglés, así es que tuve que iniciar la conversación en noruego para que no cerrara la puerta en mi nariz. Al minuto empecé a hablarle en inglés y como por arte de magia, resultó que me entendía. Le hice un melodrama en el que puse en entredicho su inteligencia, la llamé estúpida, lenta, mentirosa, timadora, ladrona, estúpida una vez más, y la amenacé con cancelar el trato completo si no tenía todo listo inmediatamente.

Mi visita, que culminó conmigo diciéndole que ojalá se muriera de una verruga en sus partes íntimas, ocurrió un viernes. El lunes siguiente, Rodrigo recibió una llamada indicándonos que ya estaba todo listo, y que no había necesidad de que yo visitara de nuevo la oficina.

Ya cumplimos semana y media en la nueva casa. Poco a poco recupero mi cordura, pero ha sido muy difícil. Esa lentitud noruega, que está acentuada en un 500% en la región, es muy desesperante para alguien como yo. En fin, a quien haya leído hasta el final, gracias por leer mis melodramas. Ya volveré a poner babosadas, como de costumbre, ahora que recupero un poco de normalidad.

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