27 de octubre de 2009

Vacuna influenza y kaka



Ya cumplí dos meses en mis clases de noruego. Creo que voy bien, aunque el dialecto local sigo sin entenderlo, y seguiré... Pero no, este todavía no es uno de los tantos posts que tengo planeados para quejarme del idioma.

En días pasados nos pusieron a conjugar los adjetivos. Ya que, al igual que en el español, se conjugan de acuerdo al género del sustantivo en cuestión. No me pude resistir a tomar una foto al ejercicio.

Adjektiv:
God (bueno)

brødet er godt
kaka er god
kakene er gode

Tuve un ataque de risa a media clase, compartido por mis amigas de Brasil y Ucrania, ya que tanto en portugués como en ucraniano, kaka quiere decir: caca. Estos escandinavos tan ocurrentes, que palabra tan horrible para un pastel.

Hoy me vacunaron contra la influenza A1H1, aunque aquí le siguen diciendo influenza porcina. Se supone que la primera oleada de vacunas es hacia las personas débiles como niños, mujeres embarazadas y personas con problemas respiratorios. Yo tengo asma, así es que me tocó que me vacunaran. No siento nada raro, salvo un poco de mareo durante un rato. Tuve que esperar 20 minutos por si había reacción alérgica, y si tengo síntomas raros ya les contaré aquí. Total, si me muero, también cuenten con que iré a jalarles las patas en la noche si me deben algo.

Por lo pronto ya saben, "kaka er god".

8 de octubre de 2009

Por alguna extraña razón

Por alguna extraña razón, y digo extraña porque la razón en sí no existe, ese día se me ocurrió dormir con los pies en donde normalmente recuesto mi cabeza. No sé qué fue lo que me impulsó a hacerlo, simplemente lo hice y me acurruqué a dormir. Horas después, empezó una de esas lluvias con truenos y relámpagos que suelen caer en Guadalajara. El sonido de los truenos me trajo de vuelta desde mi sueño profundo, pero seguí recostada dormitando. Abría los ojos tan sólo una milésima parte cuando había relámpagos.

Con la luz de un relámpago especialmente luminoso, alcancé a ver una mancha en la pared, a unos sesenta centímetros de donde normalmente estaría mi almohada. La mancha no formaba parte de mi pared, por lo que llamó mi atención y abrí los ojos de repente para ver bien lo que era. Cuando pude enfocar bien mi vista, me dí cuenta de que era un alacrán color café oscuro, que caminaba lentamente y en mi horror lo confundí con un escorpión. Obviamente corrí a prender la luz, y no pude dormir hasta que maté al alacrán y revisé cada milímetro de mi cuarto.

Hoy jueves 8 de octubre de 2009, acabo de llegar a casa. El corazón me palpita muy rápido y pienso en ese alacrán que después reposó en alcohol muchos años. A cuantas personas lo vieron, les conté que lo maté en mi cuarto, aunque no les dí detalles sobre la fuerza extraña que me hizo dormir ese día al revés.

Los caminos noruegos son muy oscuros y angostos. Si no se trata de carreteras principales, sólo se alcanza a ver unos cuantos metros gracias a las luces de los autos. De hecho, sin dichas luces el cerrar los ojos y abrirlos no provoca ninguna diferencia en la visibilidad por las noches. Hay muchos campos de trigo, y casi todo es bosque.

Hace rato, venía manejando sola en medio del bosque. Por alguna extraña razón, bajé la velocidad a ridículos 40 km/h en plena carretera. No había ninguna casa cerca, ningún señalamiento, absolutamente nada que mi hiciera bajar la velocidad, simplemente lo hice. Unos cuantos metros después me tocó ver a un lado del camino a dos alces.

Una de las principales causas de muerte accidental en la zona, es por colisión con alces. Debido al tamaño y altura del animal, los autos chocan primero contra las patas y esto arroja el cuerpo entero del alce hacia el parabrisas. Cada animal pesa entre 380 y 720 kgs, peso que no soporta ningún cristal normal, y menos a alta velocidad.

¿Qué me hizo bajar la velocidad?
Ni yo les puedo contestar. El verdadero miedo, es que algún día esa extraña fuerza o razón deje de funcionar. Tengo una combinación extraña de miedo, emoción, sorpresa y sobresalto dentro de mi en estos momentos. Mexicanamente hablando: me cagué.

3 de octubre de 2009

Havregrøt

¡Qué delicia! ¿A poco no?

El día de hoy me llegó la nostalgia. Mientras probaba el primer bocado de la cena, medité durante largo rato sobre los días en que me ponía resistol en la palma de la mano y lo dejaba secar. Dibujaba estrellas o corazones y después, lo arrancaba de mi palma con cuidado. A veces quedaban bien, pero normalmente quedaban inservibles. Mi maestra se enojaba cuando yo hacía eso en clase, que delicada.

También me acordé del engrudo, de las veces que lo preparábamos para hacer adornos en la escuela. De la vez que hice engrudo en casa, porque tenía ganas de hacer una máscara color dorado de mi rostro. Muchos pensamientos para tan sólo un bocado, dirán ustedes, pero la mente a veces es veloz. Sobre todo cuando se expone a texturas y sabores tan peculiares.

El día de hoy les voy a contar sobre un platillo muy común en la cocina noruega, se llama havregrøt. Aunque algunos lo procuran para el desayuno, hay quienes lo toman como el platillo principal del día. Leyó usted bien, es "el" platillo, puesto que en Noruega se acostumbra que sólo haya una comida caliente al día. El resto del día se la pasan comiendo pan.

Imagine por favor la escena. Se reúne toda la familia para comer, encienden una vela para hacer la atmósfera mas agradable. Colocan la olla en la que se preparó el platillo al centro de la mesa con un cucharón, para que cada quien se sirva a medida de su antojo y gusto. En la mesa hay también mantequilla, azúcar y canela. Así como un jarrón de agua de sabor. No se emocione, no es agua fresca de frutas. Se llama saft, un líquido de colores que le ponen al agua para preparar jarabe para la tos y así acompañar a los alimentos.

La forma de preparar el havregrøt es muy sencilla. Siga la receta para hacer engrudo, sólo sustituya la harina por avena integral. Se deja espesar a fuego lento sin agregar azúcar o canela. Eso podría estropear el platillo y darle buen sabor.

Pero, ¿por qué mantequilla? Fue lo primero que pensé cuando probé este manjar por vez primera. Porque si no se le agrega mantequilla, es virtualmente imposible de comer, descubrí unos minutos después. Y no me refiero a que sepa mal, ni después de la mantequilla y el azúcar se le quita lo nauseabundo, sino que la consistencia es tan pegajosa que es imposible tragarlo.

Mis manos tiemblan otra vez, la mantequilla hace que sepa todavía mas seco. Intento mezclar bien azúcar y canela con el engrudo, resulta difícil y se queda atorado en mi cuchara varias veces. Pero lo inevitable llega, tengo que comer o tragar aparentando deleite. Como ya lo he probado antes, ya sé lo que me espera. Es muy difícil mantener la cara firme y sin hacer gestos, me merezco un chingado Oscar por lograrlo. No sólo parece una mezcla de engrudo y resistol, el sabor también es parecido. Me imagino que sería masticar vómito y llego a la conclusión de que he encontrado lo más parecido que hay.

Para rematar el platillo digno de pesadillas, se lo pasan con agua (bueno, saft=jarabe para la tos). Noten por favor como en la foto de arriba, se nota que ni la gravedad hace que la cuchara quede libre de esa porquería. Pero eso no es lo peor, lo peor es que esa fue la comida caliente del día.

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