17 de septiembre de 2010

Mexico lindo y querido



Caminaba yo entre nubes de colores. Sí, entre nubes de colores. Me desplazaba con una facilidad increíble, y en eso algo llamó mi atención. Era una máquina, una máquina que trabajaba con unos 150 kilos de harina y de agua. Cuando me acerqué, pensé en lo extraño que era ver una máquina como esas en un país europeo. Pero, estas sólo las he visto en México. Me pregunto en donde la compraron.

La máquina trabajaba ruidosamente, pero a la vez su ruido era armonioso e hipnotizante al mismo tiempo. Me aproximé a la máquina, unas manos metálicas depositaban las tortillas en el comal. Pero qué extraño, en las máquinas de tortillas en México está el horno dentro de la máquina, para qué dejar que las tortillas reciban aire. ¿Tan sólo para ver las manos metálicas?

Una vez que pasaban por el comal, las tortillas se deslizaban con facilidad a un recibidor pequeño, mismo que las ordenaba y contaba. Estiré mi mano para tomar una, se veía suave, recién hecha y deliciosa. Pero, como siempre pasa, a un centímetro de tocar la tortilla, sonó el reputo despertador. Abrí los ojos y tenía mi brazo extendido, como si hubiera estado, en verdad, a punto de tocar la tortilla.

Así viví yo el bicentenario. Extrañando mi comida mexicana.
¡Viva México!

5 de septiembre de 2010

Vikingfestival


El performance en el que este vikingo intenta cortar una manzana. Nótese la cara de los espectadores "la va a regar".


El instrumento se llama Ocarina.












Antes de que se emocionen, imaginando un festival de varios días, en los que asistieron miles de personas, había cientos de puestos, etc. Les aviso: el festival estuvo bastante modesto y no se compara en tamaño con ningún festival en México, en donde todo se hace en grande. El festival estuvo muy chiquito, pero no por eso menos apreciable.


Cada año a pleno verano, se organiza el festival vikingo. Dura tres días, y hay normalmente un pequeño performance, junto con música en vivo y mucha cultura de los ancestros de los escandivanos: los vikingos. Al llegar, se siente uno como en una pequeña aldea vikinga, con personas preparando comida al calor de una fogata, mujeres vestidas como Eowyn del señor de los anillos, y hombres con barbas largas y cabellos largos y rubios, que afilaban espadas.

El ambiente estuvo genial, era posible comprar una cerveza local que está buenísima. Y me leyeron las runas. La chica tenía un como carro tapizado con pieles. Ella andaba descalza y cuando pasé me atendió con una sonrisa. Después de las runas, me leyó un tarot nórdico.  Pero ya les mostré fotos, luego les cuento de mi lectura de tarot que: ¡Quiero que todo se cumpla!

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